Navarra podría tener en los próximos años hasta diecisiete plantas de producción de biometano ubicadas en localidades de la Ribera y la Zona Media: Cabanillas, Viana, Sesma, Los Arcos, Valtierra, Artajona… A este listado se acaba de sumar Murillo el Cuende. Kambio Navarra, filial de Kambio Bionergías, una empresa madrileña especializada en la generación de biogás y biometano, ha solicitado al Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente del Gobierno de Navarra una autorización ambiental integrada (AAI) para establecer una planta de estas características en dicho municipio.
El nuevo proyecto sale a la luz en un momento en el que las plantas de biometano centran el debate político y ciudadano debido a rápida su proliferación y las posibles consecuencias medioambientales, sociales y económicas. Sin embargo, la alcaldesa de Murillo el Cuende, Itziar Malón, aseguró a Navarra Capital que su equipo apoyará la iniciativa siempre que cumpla con todos los requisitos medioambientales. «Si no hay ningún inconveniente, estaremos a favor», comentó. La primera edil señaló que esta planta de biometano, «a diferencia de las que se pretenden instalar en otras localidades, se ubicaría en un terreno alejado de cualquier centro urbano». En concreto, la planta, de 41.560 metros cuadrados, se situaría a dos kilómetros y medio al noroeste de Rada, concejo de Murillo el Cuende, y a una distancia similar de Caparroso o Traibuenas. La parcela, en total, suma 79.549 metros cuadrados.
En la misma línea, Malón indicó que su consistorio y Kambio Navarra trabajan desde hace meses para «minimizar» las afecciones que se puedan derivar del proyecto. Por ejemplo, este jueves se reunieron con el Ayuntamiento de Mélida para establecer los itinerarios por donde circularían los vehículos pesados que transportarían los residuos de materia orgánica necesarios para la elaboración de biometano. «La carretera principal pasa por el medio de Mélida. Por eso, se han determinado unos caminos secundarios y los camiones circularían por la parte trasera del pueblo para no ocasionar ningún trastorno. Se está teniendo en cuenta todo», defendió. Malón también argumentó que la planta generaría empleos en el pueblo y afirmó que, de momento, «los vecinos no se han opuesto». «No nos han trasladado ningún tipo de preocupación ni queja. Tampoco se han creado plataformas contrarias al proyecto», subrayó.
POLÉMICA EN OTRAS LOCALIDADES
La realidad es muy distinta en localidades como Viana, Sesma y Los Arcos. Allí, los tres ayuntamientos han mostrado su rechazo por unanimidad y han exigido la paralización de los proyectos. El Consistorio de Lodosa también se ha opuesto a estas iniciativas porque la planta de biometano proyectada en el término municipal de Sesma está a menos de dos kilómetros de su casco urbano. Además, estas iniciativas han generado malestar entre los vecinos, que se han movilizado en sucesivas ocasiones, han recogido firmas… Incluso se ha creado una plataforma denominada Stop Biometano Sesma/Lodosa y en Viana se presentaron 3.700 alegaciones durante el periodo de exposición pública.
Políticos y ciudadanos de estos pueblos esgrimen una decena de argumentos para oponerse a las plantas de biometano: posibles afecciones medioambientales; la cercanía de los centros a los cascos urbanos; el deterioro de la calidad del aire; malos olores; incremento del tráfico pesado; alteración del paisaje y de la tranquilidad de los pueblos; el detrimento del equilibrio territorial; perjuicio para el bienestar y la calidad de vida de los habitantes; el «riesgo de fomentar macrogranjas»; consecuencias negativas para la industria agroalimentaria y los productores de pimiento del piquillo, espárragos o alcachofas…
El problema ya está en la mesa del Parlamento de Navarra y del Gobierno foral. El 11 de septiembre, el consejero de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, José María Ayerdi, aseguró que solo se autorizarán los expedientes de las plantas «si cumplen con toda la normativa ambiental, urbanística y sectorial». El Ejecutivo foral prometió máximo control sobre las instalaciones que se pongan en marcha y también se comprometió a realizar «un seguimiento de su actividad diaria».
Además, el Parlamento aprobó este jueves por unanimidad una resolución en la que se insta al Gobierno Navarra a “elaborar un estudio de necesidades» sobre el establecimiento de estas infraestructuras. La resolución incluye un segundo punto, en el que se pide al Ejecutivo foral que trabaje estas iniciativas con el «consenso de las localidades en cuyo término municipal se prevén instalar las plantas y con las entidades locales colindantes que, por su cercanía, puedan verse también aquejadas por las afecciones ambientales, paisajísticas o sociales”. Además, emplaza al Consistorio de Sesma y a la empresa promotora a estudiar el traslado de la planta a una de las ubicaciones alternativas planteadas desde el Ejecutivo foral.
LA PLANTA DE MURILLO EL CUENDE
En estas instalaciones, el proceso comienza con la recepción de residuos orgánicos biodegradables como deyecciones ganaderas (purines y estiércoles), subproductos orgánicos o restos de la industria agroalimentaria. La planta de Murillo el Cuende tendría capacidad para procesar 143.000 toneladas anuales, los separaría según su origen y composición y les aplicaría un «pretratamiento específico».
A continuación, los residuos se bombearían a una balsa de alimentación, allí se homogenizaría la mezcla y se generaría biogás. Según las estimaciones de Kambio Navarra, se obtendrían 30.182 metros cúbicos de biogás diarios y esta parte de la fábrica funcionaría ininterrumpidamente durante todo el año. «El proceso biológico nunca se detiene», sostiene la empresa.
El biogás se sometería a un proceso de separación de dióxido de carbono y depuración hasta conseguir biometano. El dióxido de carbono generado, describe la empresa, «saldría a la atmósfera en una corriente de aire, siendo una molécula de ciclo corto y neutra en cuanto a emisiones de efecto invernadero». La instalación elaboraría 729 metros cúbicos de biometano a la hora, que se inyectarían «al sistema gasista español mediante un gasoducto real».
Durante este proceso, también se crearía licor digerido: un producto, líquido y sólido, resultado de la digestión anaerobia de la materia orgánica en la producción de biogás. El licor digerido es rico en nutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio), se utiliza como biofertilizante y Kambio Navarra produciría hasta 204.648 metros cúbicos anuales. En concreto, se destinaría a la fabricación de 48.577 toneladas de compost anuales y a «la mejora» de suelos agrícolas.
Las empresas que explotan plantas de biogás y biometano son conscientes de la controversia de su actividad. Por eso, Kambio Navarra, en la solicitud de autorización ambiental, defiende en varias ocasiones su producción: «Sus características son equivalentes a las del gas natural, pero de origen renovable». La empresa también incide en que el proceso contribuye al «fomento» de la economía circular porque «se transforman residuos en gas y abonos orgánicos, se eliminan desechos contaminantes y se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero». Por último, la firma justifica la ubicación escogida: la parcela 72 del polígono 9. «La vegetación en la zona es muy escasa debido a factores naturales como el clima y el suelo y el interés faunístico no es muy destacable, ya que no se encuentra ningún área de especial protección».
Según el cronograma de la compañía, el Gobierno de Navarra deberá responder al requerimiento ambiental antes del 1 de mayo de 2026. Si la empresa recibe el visto bueno del Ejecutivo foral, obtendría la licencia de obra a finales de 2026, los trabajos comenzarían en marzo de 2027 y la «puesta en marcha» de la fábrica está prevista entre noviembre de 2027 y febrero de 2028.
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